Unos goles bien chicles
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Unos goles bien chicles

Ya tiene un poco más de un año que trabajo con Bien Chicles y trato de ser la más honesta del mundo y admitir que siempre y en todo estoy improvisando

Cuando me contrataron sabía moverle más o menos al photochop y mis dibujos con la tablet estaban bien rascuachos, creo que ciertas cosas han mejorado pero no podría decirme diseñadora experta. Lo que sí, es que de tanto pelearme con la tableta pues le agarre el gusto, y eso yo no me lo esperaba, uno se cree muy punk y piensa que la tecnología sólo le sirve a los geeks, y que hacerlo todo a la vieja usanza es una declaración de principios muy sólida y original, pero obvio no.Hoy día creo que puedo hacer ilustraciones bastante bonitas en la mitad de tiempo y de forma mucho más limpia que cuando quería ilustrar el mundo a acuarela y tinta (que ingenua fui).

Y aunque sigo siendo bien inútil en algunas cuestiones de diseño, creo que hay muchas ideas y formas de hacer las cosas que han cambiado en mí para bien.

Recuerdo perfecto que los primeros meses trabajando en Bien Chicles tenía que malabarear con otro trabajo: era asistente de una señora dealer de arte, insufrible la señora de polanco: Martha Elena Ramos López. Un verdadero evento de la naturaleza.

En fin, trabajaba con ella en las mañanas y corría por toda la ciudad para llegar a Bien Chicles, comía puras galletas de pescaditos y algunos días Michelle me hacía sopa, pero fuera de eso, no sé cómo sobrevivía, era muchísima presión y yo trabajaba 15 horas al día y al final, lo mejor fue quedarme sólo con Bien Chicles. Y ese fue mi gol, creer que podía hacer todo al mismo tiempo, porque además de dos trabajos uno tiene que dormir, convivir con la familia, ver a los amigos, tratar de hacer arte, jugar al romanceo… hacerse de una vida propia o como diría la señora Martha: una «Quality life».

Charlotte
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