TIEMPO COMPARTIDO
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TIEMPO COMPARTIDO

Hace tiempo alguien me contaba que la tasa de suicidios en Quintana Roo era considerablemente alta. No los culpo, el mar parece un buen lugar para perder la vida, aunque si yo eligiera suicidarme creo que lo haría con pastillas, menos rollo para la familia ¿ven? El punto es que esta persona me comentaba que a cada rato se tenía que contratar nuevo personal para los tiempos compartidos porque los trabajadores se suicidaban. Aunque me pareció alarmante no se me hizo raro ya que no puedo imaginar la impotencia de pasar del primer mundo, esa burbuja protectora que cubre a los turistas de Cancún, a una zona desatendida por el Estado. Mientras el gringo se revuelca entre tetas, cocaína y bloqueador solar; el paisano a penas y tiene para pasar la noche cómodamente sin mosquitos y con el ventilador prendido en MAX. Y claro, hacer eso todos los días ha de ser devastador emocionalmente. Y las estadísticas hablan ya que, tan sólo el año pasado, Quintana Roo pasó a ocupar el tercer lugar en suicidios según nuestro siempre confiable INEGI.

Necesitamos hablar más de la desigualdad y la psicosis que desata entre la población mexicana, porque al final el estar al servicio de los demás los 365 días del año puede llegar a ser agotador y se han de preguntar para cuándo chingados alguien va a venir y atender sus necesidades porque ellos también son humanos ¿saben? Algo de esa psicosis habita la más reciente cinta de Sebastián Hoffman TIEMPO COMPARTIDO donde nos relata la historia del encuentro entre dos mundos y como este choque los acerca a la locura. La fotografía de la película es formidable, hay algo en los colores saturados que nos hace sentir de vacaciones en algún lugar de Asia y nos recuerda vagamente al genial director de fotografía Larry Smith. De este año es la película que más me ha llamado la atención visualmente, los contraste y las composiciones de las tomas son poderosas y realmente logran sumirnos en la historia que se nos quiere contar.

TIEMPO COMPARTIDO también nos habla de la desigualdad, del monstruo corporativo que se apodera de vidas ajenas y de esta mentalidad de «sí se puede» y «todo está bien» cuando no, las cosas por lo general están de la verga y aunque uno quiera pues no siempre puede. Las condiciones que rodean a un individuo son determinantes de su situación a futuro, no es lo mismo haber regresado de Canadá con una esposa loca que haber perdido a un hijo en una alberca clorada de la casa de interés social que estás pagando a diez años con las pocas prestaciones que te da tu trabajo como animador en un hotel cinco estrellas. La felicidad es una mentira. Wish you were here. Los trabajadores mienten al poner una sonrisa en su cara, son explotados y muchas veces forman parte de un culto de superación personal que francamente no los lleva a ningún lado.

Sin embargo, existe la risa y la locura. Entre tanta tragedia hay relámpagos de carcajadas. Claro, si se va a acabar el mundo no nos queda nada que hacer más que reír. ¿No han visto videos de Steven Colbert? El señor está hablando de cómo un pendejete naranja llegó al poder gracias a la corrupción y la audiencia ríe, yo no sé ustedes pero a mí me da miedo todo ese montaje. Creo que en eso la propuesta de Hoffman es muy atinada, retrata todo el mundo del turismo como un montaje un no-lugar donde a pesar de que siempre pasan las mismas cosas existen historias que delatan las fallas del sistema. We hope you enjoyed your visit.

 

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