Por qué “Vis a Vis” debe tener una tercera temporada
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Por qué “Vis a Vis” debe tener una tercera temporada

 

by Alexa Legorreta

«Sofi fue una nena de papá

y hoy duerme en cárcel de mujeres…»

Fito Páez

 

 

¿Qué pensarían si les digo que todo comienza con una SIM telefónica? Crudeza. Persecución. Desengaño. Terror en las venas. Maniqueos. Muerte a cuesta brava. Como en una corrida de toros, los personajes se lanzan al vacío para jugarse la vida dentro del ruedo de una prisión de mujeres. Las mujeres se desgarran la carne entre ellas mismas, los polis se dan de puñetazos hasta quebrarse las muelas. Violaciones. Corrupción, tal vez. Todo a cambio de plata, pero lo más importante: Libertad. Justicia, tal vez. Pero libertad a fin de cuentas.

«Vis a Vis» fue una serie española producida por Globomedia y Antena 3 del 2015 al 2016. Y no, no es una copia de Orange is the new black. Si hablamos de colores, trama y ambientes, Vis a Vis es un thriller sumamente infartante. Es más oscura como la mayoría de sus personajes, tanto que puedo decir, sin temor a equivocarme, que Orange hace cosquillas. Vis a Vis no necesita recrear las situaciones violentas (algunas) que narran sus personajes. La actuación natural con la que los mismos personajes cuentan sus desgarradoras historias, hacen que a uno se le congele la sangre y a la vez que le hierva un océano de emociones hasta el corazón.

Decidí verla en Netflix. El primer capítulo empieza con Macarena Ferreiro (la protagonista de la historia) liberando a un pájaro amarillo. Respira libertad. En otro plano la vemos entrando a la cárcel. ¿Motivos? Por bruta, es decir, por amor. Debo confesar que en mi primera sentada vi cinco capítulos seguidos.

Macarena es una nena de papá: quisquillosa, fresa, con una moral judeocristiana a punto de colapsar en nervios y llanto cuando entra por primera vez a su celda. Sus compañeras la tratan bien, pero lo que Maca ve la primera noche de insomnio es a Zulema llamar a Yolanda. Una desaparición. Muerte a vapor de lavandería. Al día siguiente, Macarena encuentra un mapa del tesoro en una SIM card.

La rabiosa entrega actoral de Maggie Civantos, Alba Flores, Inma Cuevas, Daniel Ortiz, Roberto Enríquez y  la palpable labia terrorífica de Ramiro Blas, nos dejan atónitos al borde del sofá. Así como también nos enamoran las actuaciones de Berta Vázquez, María Isabel Díaz, Alberto Velasco y Carlos Hipólito. Y qué decir de la extraordinaria y magistral Najwa Nimri, nuestra reina Hannibal Lecter.

La historia se centra en la conversión de bueno a malo, el maniqueísmo animal de toda emoción, o debería decir simplemente: la humanidad en su estado más puro y visceral.

Vuelvo a tomarme el atrevimiento de lanzar spoiler para quienes no la hayan visto aún: Los pecados se lavan con sangre. Así es como la vida de Macarena se enreda en volcaduras y llega a un quiebre personal al presenciar la muerte de su padre.

Este capítulo me sepultó entre lágrimas y gritos. Cierro los ojos y puedo verlo de nuevo: La cámara en slow motion, Leopoldo arroja las cenizas de su esposa muerta de nervios y desesperación a un río, como la Ofelia de Shakespeare. Después, merienda al aire libre con sus dos hijos. Román y Macarena bailan mientras el frío sol los cubre entre risas. Leopoldo los contempla, abro los ojos. Ahora ese padre asediado por la angustia que persigue a su familia, se baja de una RV pues “Quien se mete con un Ferreiro, se mete con todos”. Una camioneta de mafiosos se detiene a mirarle, él lleva entre las manos dos pistolas calibre venganza. Disparos. Ráfagas de odio.

Macarena llega con la cara empapada en aullidos mudos. Coge el arma y dispara al asesino de su padre, dos, tres, cinco veces. Mi corazón se rompe en mil pedazos. Mi corazón se desarma como si Leopoldo fuese mi padre, mi madre, mi hermano, mi mejor amigo, mi hijo al mismo tiempo y yo fuese Macarena. Lloro. Lloro tanto que no me puedo creer que esto sea una serie de televisión, no me puedo creer que me haya envuelto apasionadamente en cada diálogo y cada escena. Me han roto el corazón.

Yo habría disparado igual. Inmutable, seca en lágrimas y en el alma. Con la rabia hirviendo por dentro. La cara pálida. Un hormigueo recorre mi cuerpo. Porque quien se mete con un Legorreta, se mete con todos.

Al final cada persona decide o no aprovechar su oportunidad de ser libre, como lo vimos en el escape de Zulema a través de un túnel. Me reí de nervios al recordar que, en México tuvimos a un famoso narcotraficante que se fugó de manera titánica. Pero hay otros que su libertad vale más que pisar calle: Encuentran el amor, una amistad, una fraternidad. Y hay otras, como Macarena, quienes a través de metáforas tan elegantes y sutiles como liberar un pájaro o regresar un caballo a su establo, aprenden que vale más la vida misma que tatuarse la muerte en la frente.

Vis a Vis merece tener una tercera temporada porque no solamente cambió mi vida, sino la de muchos. Nos dio entrega, exposición, locura total, un miedo apetecible que nos hiela por la condición humana. A mí, me dio el poder y las ganas de seguir escribiendo para contar historias, reales o ficticias. Porque estoy tan enferma de este mundo, que cosas tan bien hechas como esta serie son mi mejor medicamento para soportar tanta deshumanización.

Es verdad, necesitamos saber ¿qué sucede después? Sus seguidores queremos que nos resuelvan dudas, queremos una venganza shakesperiana y a la vez un final que nos deje una puerta abierta a la satisfacción. Pero lo que hasta ahora sabemos es que Macarena fue una nena de papá y hoy duerme en cárcel de mujeres. Ella no saldrá nunca más, así paga su libertad.

 

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