LOS ADIOSES
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LOS ADIOSES

Ir al cine es un acto de fe. Uno paga para entrar a un cuarto oscuro lleno de desconocidos, ponemos nuestra confianza en ellos. El silencio nos envuelve mientras miramos una pantalla gigante, compartimos una experiencia. A veces lloramos juntos y otras reímos, formando así una comunidad temporal. Lazos que se rompen al salir de la sala con mantequilla embarrada en los labios.

Tengo que comenzar diciendo que no sé muchísimo de cine, sin embargo recientemente me he aventado algunos clásicos mexicanos: SANTA, Ahí está el detalle, Los olvidados. Esta experiencia me ha resultado enriquecedora y ha hecho que renazca mi interés por el cine mexicano. Fui a ver Los Adioses porque el título me pareció apropiado para esta etapa de mi vida, pero también porque me interesaba mucho cómo es que Natalia Beristáin iba a retratar la figura de Rosario Castellanos. El lenguaje que utilizó en No quiero dormir solas fue genial y desde ahí me quedé esperando su siguiente entrega.

No salí decepcionada, de hecho la película me pareció bastante ligera y digerible. Supongo que le bajaron al tono feminista para poder llegarle a más público o simplemente ese no era el tono que Beristáin quería darle a la película, sin embargo me hubiera parecido pertinente subirle el volumen al feminismo no por propaganda sino porque es una película sobre una potente figura de la poesía mexicana y porque está dirigida por una mujer lo cual es rarísimo en el cine mexicano. En fin, ahí pa’ la otra.

La fotografía de la película está muy bien lograda y junto con el arte le da ese aire nostálgico setentero que tienen las salas de cine viejas o la casa de la abuelita que forra sus sillones con plástico para que no les caiga polvo. Las locaciones son limitadas: la casa, la habitación, la UNAM y Chiapas. Una figura importante en esta película es la casa, recordemos que en esos momentos la mujer estaba relegada a las tareas domésticas, es decir a la vida privada, y muy pocas tenían acceso a la educación o a la elección de una vida libre y digna. En la casa ocurren varios de los momentos más tensos de la película hasta que se rompe el silencio y la tensión del matrimonio tóxico entre Rosario y su esposo sale de la esfera privada. Rompiendo la regla de oro de la familia mexicana: la ropa sucia se lava en casa.

Ahora, la verdad es que sentí que hubo escenas innecesarias. Como cuando van al hospital porque Rosario pierde a su bebé y posteriormente vemos la cuna vacía en la parte trasera del auto, ya habíamos entendido que había una perdida y se hubieran ahorrado 1 minuto de silencios incómodos entre la pareja. También creo que la actuación de Gidi es WAY TOO MUCH, pero eso lo he pensado desde que la vi en Incendios. ¿Puede un actor sobreactuar algo? No sé si me doy a entender pero me da la sensación de que todo es falso. Pero igual y eso ya es personal. También me hubiera gustado escuchar más de Rosario, siento que la mayor parte de la historia hizo que su esposo fuera el centro de nuestra atención: nos burlamos de él, de su falta de talento. Pero también lo odiamos por haberle puesto el cuerno, por ser machista y el peor de los patanes. Es decir, siento que se pudo haber enaltecido la figura de la poeta en lugar de habernos concentrado en refundir en el mismísimo infierno al esposo de Rosario. Que digo, si es un cabrón  pero la cuestión era sacar a Rosario del papel tradicional que le otorgaba la sociedad. Para mi era una rebelde pues.

Supongo que contar la historia de Rosario desde su relación es válido pero ¿no es algo de lo que nos quejamos las feministas? existimos sólo en base a nuestras relaciones con los hombres, soy hija de tal, nieta de tal, novia de tal. Nunca soy yo. Nunca individuos, siempre encadenadas a alguien o algo más. ¿A alguien más le pasó esto?

Salí del cine y me encontré a Fer. Edgar me saludó algo incómodo en la fila para los dulces y Fer me preguntó que si me había gustado, cuando le di mi respuesta ella me dijo «Ay pues sí, es que tú eres muy así.»

 

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