I WANT TO BELIEVE
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I WANT TO BELIEVE

De las primeras cosas que aprendí en la vida fue adaptarme a dormir en casas de familiares y amigas cercanas sin mucha planeación, tenía 9 años y una mamá ocupada.

Una de estas casas era la de mis abuelos maternos. Los Expedientes Secretos X adquirían una atmósfera especial cuando los veía ahí. Después del episodio, mis abuelos se acostaban en su habitación y el sillón del estudio de televisión era mi cama, rodeada por piezas de porcelana, retratos antiguos y pilas de varios números de la revista Selecciones de Reader’s Digest que mi abuela atesoraba. Había una ventana por la que, además de colarse el frío, era fácil ser abducida o que algún ser extraño ingresara sin mucho esfuerzo. La estancia daba hacía las escaleras que iban a la planta baja, así que era vulnerable por cualquiera de los lados. En las sombras, tanto las piezas de porcelana como el retrato de mi bisabuela adquirían una expresión siniestra. La oscuridad nos hace ver cosas que a la luz no se perciben.

Conciliar el sueño era difícil a pesar de la sugestión que el programa provocaba, era imposible dejar de verlo. Hice consciente que cuando el placer se junta con la adicción se vence cualquier miedo. Me supe regida por una esencia hedónica. Como cuando te enchilas tanto que se te salen los mocos como agua, todo tu ser sufre, pero aún así te abandonas al hormigueo que se apodera del paladar y de la mitad de la cara. Te dejas envolver, y lo vuelves a hacer, y lo único que importa es entregase a la experiencia presente sin pensar mucho en el posible desastre que vendrá después. Valdrá la pena.

Scully era la razón científica, Mulder lo inexplicable. Dos agentes especiales del FBI que investigan los expedientes clasificados como “X”. Casos relacionados con el fenómeno OVNI, lo paranormal y conspiraciones gubernamentales. El triunfo del escepticismo de Scully frente al creyente Mulder era la regla general al cierre de cada capítulo, una resolución lógica a los falsos misterios para los personajes pero siempre con la puerta abierta a lo imposible para el espectador.

El motor primario de Mulder era de una naturaleza emocional: la desaparición de su hermana menor durante la infancia. Él cree que es resultado de un secuestro extraterrestre. Ahí nace su obsesión.
Resolver los casos pesaba más que la tensión sexual de los protagonistas. Eso no evitó que la agente especial Danna Scully fuera el amor platónico de todes en los noventas para unirnos a decir a una sola voz: Molder, date cuenta.

Cuando mi abuelo murió, me llevaron a dormir a su casa junto con varias primas. Sin supervisión adulta, llevadas por la curiosidad, entramos a su cuarto: aún se veía el hueco que su cuerpo ocupaba en la cama antes de levantarse y decir que le ardía el pecho. Él creía que eran agruras, en realidad era un infarto.

Sus objetos cotidianos tenían más vida que él, era evidente la huella que su paso había dejado por esa casa. Ahora él no existía. Ahora él había desaparecido. Tenía trece años y era mi primera experiencia con la muerte.

Improvisamos una gran cama en el piso del estudio de televisión. Me tocó dormir en la lateral que daba hacía las escaleras justo a la orilla de los flecos del tapete persa que mi abuelo me pagaba por peinar de niña. Me engañaba con la “morralla”, una torre de centavos pegados con un Diurex que eran más volumen que cantidad. O quizá yo lo engañaba y hacía que los peinaba, o los dos fingíamos que nos engañábamos divertidos. Me dormí con esa sensación.

Desperté con el sonido de los pasos de mi abuelo subiendo por la escalera. Temí abrir los ojos y verlo. Mi Scully interior se abrazó a la ciencia: los sonidos se guardan en las casas. Sí, eso, una grabación sonora que su paso había dejado por esa casa como el hueco de la cama. Abrí los ojos, no vi nada. Mi Mulder interior quiso decirme que aquello no era cierto, que lo que escuché de alguna forma era mi abuelo. Después de eso no volví a ver Los Expedientes Secretos “X” en esa estancia. Dejamos de ir a esa casa. Me convencí que aquel recuerdo sonoro era sólo un sueño. Scully ganó.

Aparecemos y desaparecemos de este mundo, siempre ha sido así. La mayoría de las veces sin ninguna explicación. Tenemos miedo a morir, a desaparecer. Cuesta entenderlo porque nos duele. No sé donde está la verdad, Mulder dice que la verdad está allá afuera.

Para abrazarse a la sabiduría Mulderiana les comparto algunas de las que considero sus mejores frases:

“Dicen que cuando hablas con Dios es oración, pero cuando Dios te habla es esquizofrenia”.

“Con frecuencia siento que los sueños son respuestas a preguntas que no hemos averiguado cómo hacer”.

“La televisión no hace que un hombre perfectamente cuerdo mate a cinco personas. Ni siquiera la comedia”.

“Nunca mentiría. Yo voluntariamente participo en una campaña de desinformación”.

“Creo que es remotamente posible que alguien crea que eres sexy”.

“Tal vez son las reacciones de otras personas a nosotros las que nos hacen quienes somos”.

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