Enfrentar el silencio
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Enfrentar el silencio

La familia siempre ha sido un tema complicado para mi, recuerdo alguna vez en el sillón de un hogar cerca de metro Xola estar contando que había un familiar que no era de mi agrado. Al contrario de la frase esperada “familia es familia” la persona con la que me encontraba platicando me dijo que no había necesidad de querer o simpatizar con mis parientes y que todo era parte de una estructura social que servía para el control de pequeños grupos de población. Así mismo, recuerdo discusiones acaloradas en el asiento del copiloto mientras mi madre y mi abuelo me hablaban sobre valores familiares, a veces sigo pensando que no existe tal cosa como heredar algo tan relativo como un valor.

A la muerte de la bisabuela, la matriarca, la familia comenzó a desintegrarse; ya no nos veíamos en cumpleaños, en navidades o en año nuevo. Había bautizos privados, casas a las que no eras bienvenido, las puertas se cerraban frente a nuestros ojos. Mi familia nuclear empezó a pasar navidad en el extranjero, no por lujo o por placer, sino porque estamos separados por un río y una barda llena de policías de dudosas intenciones. Una de esas navidades en las que no estuve presente algo sucedió, algo que según los rumores cambiaría la dinámica que yo tenía con aquellos que consideraba cercanos, familiares y casi hermanos.

La cuestión estuvo así: a un familiar se le preguntó que cómo iba todo con X y éste familiar respondió que no tenía nada que ver con dicha persona pero que Y sí. X y Y son del mismo sexo y al ser mi familia secreta y discretamente homofóbica se dio la media vuelta para terminar la conversación. Este no ha sido el primer acto en el que alguien de mi familia que es diferente se ha tenido que enfrentar al silencio, un buen día J había terminado una relación, se encontraba muy mal y en un ataque de tristeza salió a correr para liberar lo que sentía. Regresó a casa con una gran dificultad para respirar y con lágrimas en los ojos mientras su tía y sus hijos le veían, todos preguntaban qué pasaba. J quería decirles, platicar y recibir consuelo de los que amaba pero todo lo que recibió de parte de su tía y la madre de su tía fue una servilleta y la explicación de que nada había pasado. Poco después esa mujer le dijo a J que tenía que enfrentar las consecuencias de su decisión, no sabía muy bien a qué se refería pero poco después lo descubrió.

En el whatsapp de la familia todos mandan imágenes de Dios, de bendiciones y piden que hagamos oración si algún niño está enfermo, si hay un desastre natural, un atentado o si algún familiar pasa por una dificultad. Era un día triste para Orlando, habían matado 50 personas y otras 53 habían sido heridas, ante todo era una tragedia humana pero en el grupo había silencio. Nadie pidió nada, nadie mandó una imagen o hizo algún comentario al respecto. Alguien escribió sin recibir respuesta, para mi ese día el silencio fue ensordecedor.

Yo no pido nada, no exijo que salgan con nosotros una vez al año a marchar o que escuchemos todos los grandes éxitos de Lady Gaga, Madonna o Mónica Naranjo. No pido tolerancia y tampoco pido respeto, pero si hay algo que creo que puedo pedir es no ser hipócritas. Si no nos parecen nuestras ideologías, nuestros “estilos de vida”, pues entonces en realidad tampoco nos tenemos amor entre nosotros, si no nos vamos a aceptar es mejor no hacernos caso. Pasarla bonito en año nuevo y navidad pero sin tanto argüende, mejor evitarnos los “te amo” forzados, los abrazos incómodos y las pláticas que no queremos tener.

Y no, este no es un caso de “odiar al pecado no al pecador” porque lo crean o no, los otros también tienen sentimientos y necesidad de ser escuchados. Así como la tía quiere que la escuchen cada que de descompone algo, o como el tío tiene la necesidad de contarme por qué debo ir a la iglesia uno tiene necesidad de contar lo que pasa en su vida y a veces eso incluye hablar del amor. No es algo privado, no les estamos contando como tenemos sexo, les estamos contando experiencias humanas. Nuestro amor, el de nosotros “los otros” no es una debilidad es agua pura. El papá de Quetzallí dice que una cosa es la familia y otra son los familiares, y tiene razón preferible ser familiares honestos a familia en la que a veces uno se tiene que enfrentar solo al silencio.

 

Nury Melgarejo About the author
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