Elena Garro y sus mujeres fantasma
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Elena Garro y sus mujeres fantasma

«Mujer que sabe latín…»  es una frase que narra cómo  la mujer era encaminada a la tragedia, sobre todo si buscaba salir de su rol tradicional. Éste fue el caso de Elena Garro, una de las mejores escritoras del siglo XX y que aún hoy en día es difícil de reconocer. Pues, cuando se trata de validar sus logros, Elena comparte el mismo destino que sus actuales compañeras: se le desaparece.

Sólo mi memoria sabe lo que encierra”

–Elena Garro

La niña Elena…

 

La historia de Elena principió un 11 de diciembre de 1916, en la ciudad de Puebla. Nacida de un padre español y una madre mexicana, la infancia de Garro fue cálida y feliz, rodeada de un realismo que a cualquier momento se volvía extraordinario, como años después lo reflejaría en su libro La semana de colores.

 

Don Flor le pegó al Domingo hasta sacarle sangre y el Viernes también salió morado en la golpiza»

–Fragmento de La Semana de colores

 

Los siguientes años de su vida parecían continuar con este orden de las cosas. Y es que, en aquellos  momentos de calma y lúcidez, Elena buscó hacer realidad una de sus más íntimas aspiraciones: ser una mujer ilustrada y conocedora de las expresiones artísticas, por lo que se encaminó a la CDMX a estudiar coreografía y otras disciplinas en la UNAM. 

Pronto, en un mundo lleno de saberes y estímulos distintos, Garro se introdujo en una nueva faceta, en la que descubrió diferentes maneras de pensar y donde conoció nuevas personas, en las que destacaría un joven de ojos de agua, llamado Octavio Paz y como cuenta la historia, no tardaron en enamorarse. Sin embargo –y como en toda relación– la pareja tuvo sus altibajos, lo que culminó en una separación tanto de los amantes como de la familia que habían formado, pues para ese entonces, ambos ya habían tenido una hija: Helenita.

Nadie quería dejar a Elena en paz, solo con el agrio recuerdo de Octavio.

Después de la ruptura, el rechazo hacia Elena no se hizo de esperar y muchos comenzaron a tildarla de una mujer, que si bien brillaba por crear historias, no era virtuosa al plasmarlas en papel, sino en los chismes y las mentiras. Definitivamente, la vida no le sonreía a ese momento a  Elena, pero lo peor sucedió durante el 68, cuando se le acusó de traicionar el movimiento estudiantil, por lo que ella y su hija tuvieron que escapar del país.overthinking nuclear explosion GIF by franciscab

Mujer de grandes ideas, ¿qué veías al cerrar los ojos, Elena?

Los episodios de paranoia y autoexilio que ambas mujeres vivieron se retratarían poco después en el libro Andamos huyendo, Lola, donde las Garro y sus felinos se vuelven los personajes principales, rodeadas de un mundo en el que la constante amenaza se vuelve la única regla.

 

Garro y Paz antes de la tormenta.

Tal vez sea por esta razón que en la literatura de Elena, muchos de sus personajes femeninos sufren los estragos de una sociedad machista y, como si fueran producto de un malesar kafkiano, terminan siendo ignoradas, como mujeres fantasma. Aunque, para que exista una aparición, se necesita que alguien la vea, algo que Elena rara vez tuvo en vida.

Estoy y estuve en muchos ojos, yo solo soy la memoria y la memoria que de mí se tenga”

–Elena Garro

La literatura y memoria de Elena es un recordatorio de que las mujeres somos igual de aptas para crear arte y no sólo para lavar platos. Su memoria debe atesorarse, más allá de chisme literario. Alabada sea la mujer fantasma, que el reino de la literatura siempre será suyo.

 

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