Después de la risa
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Después de la risa

Llevo alrededor de seis meses soñando contigo, en mis sueño tu novia te ha dejado y me dices que en lo que consigues otra sería conveniente no soltarnos de la mano. Accedo, siempre accedo sin importar las consecuencias o si siempre voy a sentir que eres mil veces más cool que yo. Mis sueños nunca se han caracterizado por ser premonitorios, al contrario de mi madre si yo sueño bebés nadie la caga o se embaraza que para efectos prácticos es lo mismo. Recuerdo que cuando cortamos me dijiste que me debiste haber embarazado «así ya no te puedes ir» y probablemente tenías razón, un hijo siempre te ata a otro aunque no lo desees; años después tengo una gata que es como un hijo que realmente no vino a arreglar nada y que no ha sido obstáculo para que mis dudas crezcan y la nostalgia se asiente.

Mis sueños me han llevado a pensar mucho en ti, en cómo nos lastimamos y ahora que tengo este brevísimo chance de estar junto a ti, aunque sea de página a página y de extremo a extremo te quería decir algunas palabras. Antes que nada lo siento, tú sabes de qué pie cojeo y no quise lastimarte aunque parezca lo contrario, quisiera culpar a la genética, a mis daddyissues o a la cantidad de cosas que consumí durante mi primer semestre en la universidad pero no quiero mentirte, la cagué… perdón.

También quiero decirte que después de un breve lapso de risa al vernos juntos reflexioné, me acuerdo bien de aquella vez que vimos Vicky, Cristina, Barcelona y comentábamos la escena en la que los personajes que eran artistas peleaban por el título de ser el bueno, el mejor, el que tenía el estilo, el original. Me dijiste, entre risas, que probablemente eso nos pasaría algún día y para nuestro infortunio nos pasó. En ese sentido nunca logramos entendernos bien y entre que me decías que hacía las cosas mal, tal vez para alentarme a hacerlas mejor, y que nuestro egos eran enormes todo se fue a la basura. Ahora que nos veo, ya pasados unos buenos años, te quiero dar las gracias porque veo en mi cosas que no pudo haberme enseñado otra persona más que tú. Sí, aprendí de ti y contigo; ahora gracias a eso puedo hacer lo que hago y ser quien soy. Es increíble cómo al paso del tiempo uno va dejando que ya no haga más estragos el ego ¿no?

Me pregunto si la risa constante fue provocada por el orgullo, la euforia de verte ahí imaginario tomando de mi mano (aún con novia) o por la nostalgia que me invadió al sabernos juntos en el número de algo que ya termina. Como una despedida sorpresa. Igual y para muchos es la peor de las sorpresas, como de esas veces que te regalan calcetines en Navidad o que envuelven en la caja de un producto preciado algo como una banana, pero para mí ha sido algo extraordinario. Qué bonito estar juntos aunque ya nos hayamos olvidado.

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